09.04.2020

¿Invertir o Especular?

En finanzas, muchas veces empleamos términos de manera laxa e intercambiable, como si fueran sinónimos o, por el contrario, con diferenciaciones totalmente erróneas. Esto ocurre muy seguido con los términos de inversión y especulación.

En finanzas, muchas veces empleamos términos de manera laxa e intercambiable, como si fueran sinónimos o, por el contrario, con diferenciaciones totalmente erróneas. Esto ocurre muy seguido con los términos de inversión y especulación.

 

Y el problema es que esto tiene implicaciones que van más allá del lenguaje. Conllevan un problema de fondo que muchas veces nos hace perder dinero, sobre todo cuando no tenemos claridad en nuestras decisiones financieras.

 

Por lo tanto, primero despejemos el panorama y después exploremos algunas recomendaciones para aplicarlo. Para entender los conceptos, vale la pena destacar algunas diferencias en tres variables clave:

 

(1) Nivel de riesgo: la especulación por naturaleza implica un mayor nivel de riesgo que la inversión, aunque con una mayor promesa de rendimiento.

 

(2) Clase de activos: producto de lo anterior, por lo general la especulación se asocia con activos volátiles, nuevos o inciertos (criptomonedas, futuros, Forex, acciones de empresas en etapas tempranas), mientras que la inversión con otros más consolidados y con valores más fundamentales (bonos gubernamentales, fondos y acciones de empresas consolidadas).

 

(3) Horizonte de tiempo: quien especula suele fijar metas de corto plazo y vender los activos que adquirió con relativa rapidez, mientras que el inversionista busca plazos más largos para que los precios de sus activos se promedien e incluso le traigan beneficios extra como dividendos y exenciones fiscales.

 

Obviamente, las variables anteriores están íntimamente relacionadas y, aunque con sus excepciones, se consideran parte de una regla para distinguirlos en términos generales.

 

Dicho todo lo anterior, esto no implica que una u otra de estas modalidades sea incorrecta o correcta en sí misma; significa más bien que deben ser consideradas caso por caso y, sobre todo, como parte de una estrategia integral de inversiones.

 

Así es que la decisión tiene que provenir de todo este contexto y de hacerse las preguntas correctas: ¿cuál es mi objetivo?, ¿cuál es mi tolerancia al riesgo?, ¿en qué etapa de vida estoy?, ¿cuánto estoy dispuesto a perder?, ¿cómo puedo balancear mi portafolio para amortiguar posibles pérdidas?

 

Eso sí: aunque sea relativo, la recomendación típica es que la especulación se realice con un porcentaje menor del patrimonio total, y el ahorro y la inversión a largo plazo sean la base que sustente y equilibre todo.

 

Se trata de hacer un cálculo de los costos y beneficios para tomar decisiones informadas y con medidas de mitigación de riesgos, tanto en cada activo que elijamos como en la suma de todos ellos como portafolio.

 

Finalmente, esta frase de Fred Schwed Jr. lo resume bien: “La especulación es un esfuerzo, probablemente no exitoso, por convertir poco dinero en mucho. La inversión es un esfuerzo, que debería ser exitoso, por evitar que mucho dinero se convierta en poco”.

 

Con la especulación la improbabilidad se compensa con el potencial. Por lo mismo, la posible ganancia invita a no meterle tanto capital a las especulaciones (si es que decidimos que en realidad lo valen). Si resulta, será suficiente para robustecer nuestro patrimonio de forma significativa; si no, la pérdida no le resta tanto a lo que típicamente es la gran base de nuestras finanzas: el ahorro y la inversión.

A
A